lunes, 26 de enero de 2015

Sírvase fría

Me gusta la cerveza antes de dormir, hacer un recuento del día, cerrar los ojos y sonreír con lo vivido. Sentir con mayor intensidad ese ardor en el brazo y despedirme de la cicatriz olvidada debajo de aquel dibujo nuevo. "Maestría cervecera, dice la etiqueta; dorada, con el nombre de mi país, calidad exportación. Saboreo. Las películas me ponen existencial, salgo de la sala de cine y recorro el camino hacia mi casa en silencio. Lo que veo me afecta más de la cuenta. No quiero entrar en debates, no estoy preparada para dar una opinión al respecto, el "buena o mala" no es lo mío, siempre mi veredicto va acompañado de un argumento... no es el momento, no lo he preparado, no hablemos del futuro, gracias. Lo que más me gusta de la noche es el silencio, lo segundo que más me gusta es la oscuridad, lo tercero que más me gusta es que los pensamientos son totalmente diferentes a los que tenemos durante el día. Los Artic Monkeys lo dicen de una manera más bonita: "nights were mainly made for saying things that you can't say tomorrow day". Me eché encima las últimas gotas de la lata. Muy bien, ahora debo renunciar a mi comodidad y limpiar, estoy "pegotuda". Hasta mañana.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Allá

Eran un conjunto de palabras en un universo paralelo. Allí no le temían a la oscuridad, ni a la luz, ni a los otros. Tampoco había lugar para las preguntas. Los secretos unían a las personas y los silencios no eran espacios para llenar de sentido, eran partes preciosas de la conversación. Por épocas se separaban, volvían cada uno a sus propios planetas, a tratar a los otros con agotadora simpatía durante el día, y a dejar volar la imaginación hacia peligrosos terrenos, en las noches. Luego volvían a encontrarse en ese lugar dónde no hacía falta fingir, dónde mostraban el alma y se reían con lágrimas en los ojos. Allí no todo era perfecto, ella tenía siempre dentro de sí una enorme melancolía y él, una difícil soledad; pero se aceptaban, se acompañaban y miraban desde un lugar privilegiado la salida del sol. Jamás se preguntaban por el mañana, porque en ese mundo siempre era hoy.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El pasado es un juego de memoria

Rompía las fotos pero no se deshacía de los pedazos. Los guardaba bajo llave, celosamente custodiados por la cerradura del segundo cajón de la mesa de noche. "Las emociones son más importantes que los momentos", decía abriendo la pequeña bóveda de su memoria. Al destapar aquella cajita llena de trozos de papel fotográfico podían verse bordes hechos con tijeras y bisturíes, otros habían sido rasgados o quemados y otros presentaban señales de mordidas. "Todos cuando tenemos rabia apretamos los dientes así que ya sabés que me hizo sentir el personaje del retrato". Se reía y mostraba esos enormes dientes torcidos que coincidían con la marca ubicada sobre el brazo derecho de un tipo flaco, alto y moreno que mira hacia el cielo azul de la playa en la que se encuentra. Ninguna foto estaba completa, los pedazos parecían fichas de varios rompecabezas mezclados. Rápidamente reconstruía los momentos, armaba personajes y hasta componía parejas que jamás llegarían a ser. "Los álbumes son una pérdida de tiempo. Son utilizados por quienes se aferran al pasado. Para mí el pasado es un juego de memoria y lo que gano al jugarlo es mantener mis sentimientos intactos". Recuerda todas las fechas, todos los nombres con dos apellidos, todos los lugares de cada disparo. Recuerda tantas cosas que por eso se toma la libertad de fragmentar su memoria, de llevarla al extremo e, incluso, de fabricar recuerdos y también olvidos. "Lo más difícil es no querer recordar, porque el no querer recordar implica que mientras los deseas te estás acordando de lo que no quieres recordar. Así que lo que hago es recortar, recortar - ¡Cómo se parecen esas dos palabras! - muy fino hasta que ya no se vea nada. Después me pongo a pensar en otras cosas, me distraigo con otras emociones que sí me gusten. Y al final pasa que, poco a poco, ese recuerdo se tira un clavado por fuera de tu memoria".

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Con la escoba tras la puerta

A veces, la inseguridad se sienta sobre ti mientras duermes, te agarra el cuello con sus cuatro manos y te arranca con violencia de tus sueños. Tú, te despiertas con los ojos más abiertos que de costumbre y sientes el terror de salir de tus cobijas, quieres huir de las miradas que te juzgan, de los ojos de adentro y de afuera que te observan sin espabilar. La inseguridad te ha dicho tantas cosas al oído que te sientes mareado con las preguntas que atiborran tu cabeza. Uno a uno afloran los miedos, lo políticamente correcto te pesa en el alma, las lágrimas te nublan la vista. Aún no amanece. Afinas el oído, aguantas por unos segundos la respiración y escuchas el ritmo calmo de su aliento. Inhala, exhala. Ese vaivén restablece poco a poco tus pulsaciones. La inseguridad te observa desde el techo a través de su enorme ojo, agazapada como una araña. Tú te dejas llevar por el cálido sonido del oleaje. Intentas sincronizar tu aliento con el suyo, te abrazas a su cuerpo. Logras conciliar el sueño. En la mañana la inseguridad ya se habrá ido.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Quizá mañana

Se dormía pensando que al despertar le encantaría sentir su olor en la sábana y estiraría su mano para tratar de capturar algún cabello que se hubiera escapado durante la noche. Tal vez se quedaría despierto, agudizaría el oído e intentaría ubicar el recorrido dentro de la casa de sus descalzos y cuidadosos pasos. Se escabulliría hasta la puerta de la habitación para observarla en silencio: su pelo rojo iluminado por el sol, sus labios probando un humeante café, su camisa blanca que se abre caprichosamente con el vaivén de la brisa y revela las pecas en su pecho; sus piernas desnudas buscando calor, su libro de tapa dura y hojas color crema.

Le encantaría verla así. Silenciosa, ensimismada, visitante. Y poder quedarse solo con esa imagen, sin esforzarse por un antes, sin preocuparse por unos otros, sin preguntarse por un después.

domingo, 11 de agosto de 2013

Conforme pero feliz

A veces pasa que el inconformismo posa su cabeza sobre la almohada del lado y lentamente se mete a la cabeza del dormido. Se desliza sin hacer ruido por los recovecos del oído y asciende hasta instalarse en el lóbulo parietal, el territorio de la sensibilidad general.

La víctima se despierta y apenas abre los ojos comienza a sentirse inconforme. Va a la nevera y tarda en decidir qué tomar de desayuno, se desnuda en el baño y definitivamente algo anda mal con su figura, mira la televisión y no hay duda de que pierde el tiempo tomando una postura frente a lo que ocurre diariamente en su país, piensa que tal vez debería ir en busca de un lugar en el que se sienta menos inquieto y tal vez un poco feliz, pero una lluvia torrencial lo expulsa de sus reflexiones. 

La víctima opta por esconderse de nuevo en su cama esperando que al despertar, cuando haya avanzado un poco más la tarde, la insensatez regrese a su lugar habitual de la mano de ese ser callado y conforme que tanto disfruta ser.

viernes, 5 de julio de 2013

Doble faz

Siempre hablaban de lo mismo, de buscar aquel portón, pócima o reloj mágico que les permitiera habitar en una realidad paralela.

El, allí, haría muchas cosas de otro modo. Dejaría su trabajo para dedicarse a escalar, le retiraría la  palabras a los jefes abusivos, tomaría más vino en la noche y correría aquel riesgo con aquella mujer a la que siempre le había huido.

Ella, en esa realidad paralela, bailaría más, hablaría menos y se iría para un país de lengua desconocida sin decirle a nadie. Desaparecería y le daría la oportunidad a ese hombre que la inquietaba tanto.

Lo que los mantiene atados a esta realidad es el posible sufrimiento que pueden generar, es la preocupación por ser la causa de algunos llantos, es la mirada inquisidora de la sociedad sobre cualquiera ser sus acciones.

En esa realidad paralela no importaría si alguien resultara herido,  porque siempre quedará esta para seguir viviendo tras las apariencias.