viernes, 12 de diciembre de 2008

En un segundo

Un mensaje de texto le llega a la persona equivocada. La señora de azul decide viajar en taxi en lugar de irse parada en la buseta. El chico con camisa de rayas se gasta el pasaje de regreso en un mango biche. El viejo del periódico se sienta en su gafas. La niña de vestido amarillo se agacha a coger una moneda de 20 pesos. El perro sucio encuentra un tesoro en la basura. A la joven de cabello claro se le cierra la puerta del carro con las llaves adentro. La señora morena rompe una dieta de 58 días con un muffin con chispas de chocolate. El viejito de gorra vende el último bonice del pinguino. El muchacho de las frutas descubre un gusano en la guayaba. Un te amo sale tu boca. El agente de tránsito ojea un certificado de gases vencido. La llanta delantera derecha de una volqueta se pincha en la Oriental con Pichincha. A la señora encopetada se le alza la falda. El vigilante de sombrero torcido sonríe y muestra el mueco. El saxofonista encuentra la nota disonante. El actor recita su monólogo sin equivocarse. El sonido de la licuadora coloniza el ambiente de la cocina. Una botella rota logra el silencio en el bar. Aparecen los créditos de la película. Una lágrima se escapa. La banda hace la reverencia. Alguien estornuda. Los recién casados chocan sus copas. Un bebe lanza su primer llanto. El bombero apaga el fuego. Una perra queda preñada. Un auto apaga las luces. Un corazón reinicia sus latidos. Un par de labios se separan. Un te amo se repite. Un par de pupilas se dilatan. Se cae en el sueño profundo. Alguien sonríe.

martes, 18 de noviembre de 2008

Missing You


El arcoiris también coloniza el agua


Y el tono del teléfono suena frío, los papeles se ven pálidos y la tinta sobre ellos, insuficiente.

Y mis palabras se hacen eco y las tuyas se revuelven en un remolino de imágenes.

Y mi silencio se turba por los gritos de tu silencio y tu ausencia se acompaña con mi ausencia.

Y el tajalápiz desgasta mis colores y mis colores desgantan los dedos de mi mano derecha que con fuerza le da color al pálido papel.

Y mi voz reemplaza el tono de tu teléfono pero tu voz no alcanza a darle calidez al mío. No estás en casa.

Y a mis palabras les doy un paseo en canciones para que viajen con palabras mayores, sabias y musicalizadas, y para que no estén solas.

Y lleno mi silencio de películas y de un constante tecleo que no importa que no diga nada coherente. Y tu silencio lo lleno con tus sonidos ya almacenados en los estantes de mi cabeza que llevan tu nombre.

Y siento que tu ausencia, corta pero profunda, se hace más ausencia después de cada despedida.

Y mi locura se hace más loca y más mía, y más tuya, y a la vez más encantadora. Locura compartida, al fin y al cabo.

Imagen:http://padronel.files.wordpress.com/2008/06/pecera_arcoiris.jpg

viernes, 31 de octubre de 2008

Mirar afuera

Así es el mundo. No comprende a quienes se detienen a mirar.


ESCENA 1/EXTERIOR/CALLE DE BARRIO/NOCHE

El PADRE ve desde el balcón que el carro en el que llega su hija estaba orillado unas casas más adelante y luego ha ascendido en reversa por la calle. La HIJA se despide del joven que está al volante y entra en la casa. Saluda a sus padres.
PADRE
(Serio pero con malicia)
¿Y qué hacían ustedes dos allá parados?
HIJA
(Despreocupada pero sincera)
Estábamos viendo las luces
PADRE
(Mueca de quien se come un limón pero atento)
¿Las luces?
HIJA
(Entusiasta)
Sí, las luces de ese pedazo de ciudad que se ve desde acá, las que también le gustan a Meli
PADRE
(Incrédulo, frente arrugada, pensativo)
¿?
MADRE
(Sorprendida)
Yo no las he visto
HIJA
(Desconcertada)
Las ves si sales al balcón y miras hacia la izquierda


miércoles, 29 de octubre de 2008

Domingo a Color

Después de la ducha matutina Celeste entró en la habitación envuelta en una toalla blanca. Le dio play al disco compacto que Alejandro le regaló la noche anterior y se quedó de pie junto a la grabadora mientras escuchaba su voz recitando uno de los poemas de Benedetti que más le gustaba: "Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra de modo que si ocurre un desconsuelo es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una mujer desnuda". De pie al lado del aparato sintió cómo algunas gotas de agua, antes calientes y ahora aclimatizadas, se resbalaban todavía por su cuello y espalda. "Una mujer desnuda y en lo oscuro genera un resplandor que da confianza, entonces dominguea el almanaque vibran en su rincón las telarañas y los ojos felices y felinos miran y de mirar nunca se cansan". Se dirigió al armario, se paró frente a él y con el índice derecho sobre la boca pensó en qué se pondría para ese domingo tan lleno de luz y tan gris a la vez. "Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos, para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro. Una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo". Dejando escapar una sonrisa pícara que acompañaba a un par de ojos llenos de intención eligió un panty negro de encaje y un top que le hacía juego, se puso un suéter rojo que le quedaba grande y se soltó el cabello. "Una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia y nos enciende, el cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no ser inocente. Una mujer querida o vislumbrada desbarata por una vez la muerte". Caminó descalza hasta la cocina, hizo chocolate, sirvió dos pocillos y se dirigió a la sala dónde Alejandro leía El Amor en los Tiempos del Cólera sentado en el sillón de tapizado blanco. Le extendió la bebida y se sentó frente a él con las piernas estiradas sobre la mesa de centro. Su piel blanca parecía brillar con la luz que entraba por el ventanal. Una leve brisa le desordenó los rizos rojos que ya se habían secado. Él la contemplaba con una sonrisa en sus ojos verdes mientras los ojos marrones de ella, de cuando en cuando, le devolvían la mirada. Ambos bebieron en silencio escuchando la música de Silvio Rodríguez que salía en murmullos de la habitación. Alejandro se sentó al lado de Celeste y una de sus manos empezó a recorrerla, sin prisa. A medida que su tacto colonizaba aquella figura femenina las paredes blancas del apartamento cambiaban de color. Empezando en la punta del pie y subiendo por la pantorrilla la sala se tornó amarilla; en el camino hasta el ombligo el amarillo mutó a naranja y cuando los juguetones dedos de Alejandro se detuvieron en el abdomen, la pintura se había vuelto roja. Jugando con los senos el color era púrpura y del cuello a la cara el espacio se hizo azul. Descendiendo por la espalda Celeste se estremeció y soltó una carcajada y la pared cambió a verde-azul. En la redondez de sus caderas la sala se hizo verde hasta que volvió al amarillo inicial cuando los dedos juguetones retornaron a la punta del pie. Ese domingo de cielo gris se convirtió en un lienzo. Por fortuna.

lunes, 29 de septiembre de 2008

RE:

Para leer despacio y al oído

Vamos de viaje a caminar en puntillas por el arcoiris
Vamos de viaje al fondo del mar a recolectar erizos
Vamos de viaje a la luna a dejar nuestra bandera
Vamos de viaje a descifrar el matiz de tus pupilas
Vamos de viaje a medir la profundidad de los holluelos de tus mejillas
Vamos de viaje y probamos el sabor rojo de marte
Vamos de viaje a hacer una sieste de seis meses en el Ártico
Vamos de viaje a vivir tras una cascada

Vamos de viaje y aprendemos a volar como los halcones
Vamos de viaje a fotografiarnos junto a un panda
Vamos de viaje a hacer realidad las fantasías
Vamos de viaje y dejamos tu sonrisa dibujada en la arena
Vamos de viaje a sentir la fuerza del vacío
Vamos de viaje a comer masmelos derretidos en el sol
Vamos de viaje a escuchar las historias de tu ombligo
Vamos de viaje, yo te invito a recorrer mi geografía con la punta de tus dedos

domingo, 14 de septiembre de 2008

Próxima estación: Industriales

En este pedacito de metro hay un niño que parece tener claustrofobia porque está muy rojo y sudoroso y no deja de mirar por la ventana con la cabeza pegada del vidrio. Un muchacho de ojos verdes juega al mimo poniendo su mano en el aire como si agarrase una de las barras verticales del vagón. Una chica de cabello negro tiene un pantalón muy corto que deja ver sus piernas muy blancas, y un novio que come chicle con la boca muy abierta. Lo que más me gusta es que hay una bebé con una manilla de bolitas de colores en la mano izquierda a la que la mamá le limpia los mocos con una cobijita rosada y le da muchos besitos en la cabeza. La bebé tiene unos ojos grandes que miran una por una a todas las personas que hay a su alrededor. Hace tres meses, un día que vi muchos bebés en el metro, me dije que compraría juguetes pequeños y andaría con uno en el morral para cuando me encontrora a alguno. A esta nena, que se llama Manuela, le tocó una manito de caucho para que la babee y la muerda con sus encías aún sin dientes cada vez que quiera. El metro anunció mi estación y me bajé después de recibir los incrédulos agradecimientos de la mamá. Antes de mí salió el niño claustrofóbico a toda prisa. El chico de los ojos verdes había dejado de jugar al mimo y la muchacha de los pantalones muy cortos ya no estaba. Sólo espero que a Manuela su mamá le cuente algún día que uno de sus primeros juguetes se lo regaló una niña pecosa en el metro.

Ángel

Con vos me pasa lo que me pasa con las cosas grandes, con los sentimientos encontrados y con los momentos sublimes: soy incapaz de nombrarlos.

El asunto es que por más que busco un término apropiado para referirme a vos no lo encuentro. Es un problema que tengo también a la hora de titular o de poner un nombre. Lo más fácil es llamar las cosas por su nombre común o incluso poner "(sin título)" y que ese problema lo resuelva otro. Pero vos ya tenés muchos nombres que te han dado otros y creo que por eso se me ha hecho tan difícil la búsqueda. No quiero caer en ningún término cliché aunque alguno de ellos resulte sensato, ni utilizar sustantivos cursis que de un momento a otros están en boca de todos los enamorados. Quiero llamarte de manera especial, quiero darte un bonito sobrenombre, quiero tal vez inventarme un término para definir tu especie -en vía de extinción, por cierto-, quiero poder resumir en una, dos, máximo tres palabras, el "reguerito de magia" que dejás por donde pasás y que me regalás con tu boca y me entra por los ojos y los oídos y se me cuela por los poros.

Seguiré pensando cuando pare ese maldito martilleo que viene de la casa vecina. Por ahora te dejo un abrazo de algodón de azúcar y un beso de arequipe caldense.

martes, 9 de septiembre de 2008

"Si no vivimos en la realidad, mucho menos en la irrealidad"*


Ay de los incomprendidos que siempre el viento les tumba las cometas recordándoles que para que éstas puedan volar necesitan de un polo a tierra. Afortunadamete ellos siempre encontrarán la manera de mantener latentes sus imaginarios aunque esto les haga derramar lágrimas cuando la tierra les retenga los pies.


La pequeña pelirroja esta sentada en el borde de su cama llorando desconsolada porque su mamá le dijo que sus pecas eran una pigmentación de la piel y no pequeñas concentraciones de chocolate como ella pensaba; porque en el colegio su profesora le negó que la mitad de 5 era 1 "Pero profe mire el dado"-le había argumentado la pequeña-"No, el 5 es un número impar, por lo tanto no tiene mitad"-había sentenciado la maestra; porque su profesor de artes le dijo que el cielo era azul y no violeta como ella lo había coloreado y porque su hermano le informó que los pegasos no existen.

La pequeña pelirroja cerró la puerta de su cuarto con seguro, saco uno de sus libros de colorear de Mi pequeño Pony, buscó la caja de colores y se acostó en el suelo. Unas cuantas goticas cayeron en la cara de un pegaso todavía en blanco. El pasto lo pintó naranja, las nubes amarillas, el cielo violeta, los árboles azules, las flores verdes y al pegaso, de azul claro con melena rosada, amarilla y verde, y cola rosada y azul. Sonrió. Al menos detrás de esa puerta el mundo era tal cual ella lo quería.


*la que desató este escrito.

jueves, 28 de agosto de 2008

Hablame al oído para que las palabras no se desgasten en el camino. Mírame a los ojos y deja que el silencio también me diga lo que sientes. Abrázame fuerte para quedarme con tu olor el resto del día. Tócame suavemente y deja que mi piel reaccione poro a poro. Deja que tus colores se mezclen con los míos y acordémonos del fijador para que no se laven con la lluvia.

sábado, 23 de agosto de 2008

Azúcar para tu Noche


Descalza camina hasta el balcón. Desliza el ventanal despacito para no despertar a los demás habitantes de su apartamento del piso 6. La noche es fría y el cielo está cubierto por una capa de niebla que apenas deja filtrar la luz de la luna. El celular vibra de nuevo, es la tercera llamada que muestra en la titilante pantalla un número tantas veces esperado. Contesta con la voz que le permite salir el taco de ansiedad que tiene instalado en la garganta desde que la despertó el aparato. Al otro lado de la línea se siente el mismo silencio de fondo pero es evidente que la voz que allá se encuentra sale sin problema. Un saludo corriente, allí con temblor, allá con decisión. Un "tengo algo que decirte" que viene y es recibido por unos ojos que se cierran con fuerza. Un "te escucho" que va y es recibido por un rostro que no se inmuta.

Beto estudia siempre hasta tarde, no tanto por su insomnio ni por su dedicación como por su capacidad de postergarlo todo. El informe de lectura está terminado y se siente incapaz de decidir si continuar con el ensayo de Opinión Pública o con el taller de Macroeconomía. En su computador suena Volver en versión Calamaro. Es la 1:37 de la madrugada y a Beto se le antoja un pedazo de la torta de chocolate del cumpleaños de Vero que aún debe estar en la nevera. Se quita las gafas, se frota los ojos y da vueltas en la silla de rodachines hasta que se termina el tango. En medias sale de su habitación hacia la cocina y mientras cruza la sala: "¡Jueputa!", la imagen de una persona en el balcón lo asusta. Reconoce a Sofía y se ríe aún con el corazón a mil. Sigue su camino, se parte un pedazo moderado para que no se note demasiado el hurto y se sirve un vaso de leche. Se sienta en la sala pensando en devolverle el susto a Sofía.

Un escalofrío la recorre. El discurso que viene del otro lado de la línea es más helado que la noche. Ella ha hablado poco porque sus palabras se han hecho lágrimas, él en cambio ha hablado demasiado porque su egoísmo se ha hecho fonemas. Le pidió que saliera de su vida, que la quería mucho pero que no podía tenerla cerca porque ya era feliz con otra mujer... Le dijo tantas cosas que el dolor le impidió seguir escuchando. Cuando allá demandaban una respuesta allí habían demasiadas preguntas. Ella susurró "está bien, adiós", el dijo "adiós, te quiero" y ella le respondió "dejá de ser hijueputa" y colgó. Se abrazó las rodillas y su cuerpo se hizo río.

Beto disfruta bocado a bocado de su antojo satisfecho. Observa la quietud de Sofía y piensa que tal vez está inmersa en una especie de meditación nocturna. Se toma la leche de una sola tanda y sobre su boca queda dibujado un bigote blanco. Entra a la cocina y lava el pequeño plato, la cuchara y el vaso. Cierra la llave y escucha un llanto. Va al baño, toma la caja de pañuelos y vuelve a la cocina, abre el congelador, saca el helado de chocolate y la crema de chantilly, toma dos cucharas de las grandes y a pesar del encarte logra deslizar despacito el ventanal para no despertar a los demás habitantes de su apartamento del piso 6. Se sienta al lado de Sofía, pone los elementos en el piso y la abraza. Beto pregunta si ha recibido malas noticias, ella responde "una despedida", patea el celular y saca algunos pañuelos para sacudirse los mocos y secarse las últimas lágrimas. Él le ofrece una cuchara y abre el helado, ella la recibe, agita la crema de chantilly, la acerca a los labios de Beto y presiona el regulador mientras dice "a tu bigote le falta carácter". Él se ríe, toma una cucharada de helado y la acerca a los labios de Sofía: "a tu noche le falta azúcar", le responde.

lunes, 11 de agosto de 2008

Así es el mundo de los cuentos



Teatro Pablo Tobón Uribe
Clausura 8º Festival Internacional Entre Cuentos y Flores


Dreamer

Chela no puede evitar fantasear cada vez que conoce a un hombre que le llama la atención. Se imagina toda una serie de encuentros afortunados, fructíferas conversaciones y variadas actividades. Siempre espera que sus imaginerías muten, así sea de manera mínima, en realidades dosificadas. Espera que tal vez alguno de esos seres cumpla con la característica principal que una adivina le dijo que tendría su esposo: artista; y que posea el gen que la misma adivina le predijo para su embarazo: gemelas.

Hace algunas semanas se decepcionó de nuevo del protagonista de sus últimos desvaríos mentales pero hoy un par de ojos azules la pusieron a soñar de nuevo. Con miedo, esta vez, porque no sabe hasta cuándo podrá seguir tejiendo ensoñasiones sobre los tristes y abandonados pilares que sostienen su realidad.

domingo, 10 de agosto de 2008

Premonición

Estaban sentados en un parque de Buenos Aires a la sombra de un enorme y florecido jacarandá. Conversaban animados. Él con un dulce acento argentino -adquirido desde la cuna-; ella con su colombiano de nacimiento trastocado por seis meses de sonoridad gaucha.

La brisa primaveral soplaba con fuerza y desprendía, de cuando en cuando, una florecita lila del jacarandá. Ambos guardaban silencio, se miraban, jugaban con las manos y pasada la ráfaga uno de los dos reiniciaba la conversación.

Hubo un momento en el que a ella se le escapó un suspiro. No hubo viento. Allí comenzó el silencio propio de las despedidas. El se acercó a ella, la abrazó y disolvió la primera lágrima con su pulgar derecho antes de que ésta terminara de recorrer la mejilla. La miro a los ojos y le dio un beso en la punta de la nariz que la hizo sonreír.

- Yo siempre he estado buscando algo sin saber realmente que es. Ahora siento que lo he encontrado y vos hacés parte de eso... Pero no me puedo quedar...
- ¿Por qué?
- Porque tengo que volver a Medellín. No puedo dejar a mi familia así no más. Igual debo terminar lo que tengo empezado... Me faltan dos años de universidad. Cuando me gradúe, vuelvo.
- Nena pero podés estudiar acá también...
- Sí pero allá tengo quién me la pague y tengo trabajo, así podré ahorrar para volver.
- ...
- Yo sé que dos años son mucho tiempo. En dos años la situaciones cambian, yo cambio, vos cambiás... pero si realmente esto es lo que siempre he esperado, va a ser para mí.
Igual vos podrías ir alguna vez a visitarme... Yo a vos te quiero un montón y sé que todavía nos faltan muchas cosas por compartir...

Se abrazaron de nuevo, se dieron un beso con tintes de dolor, caminaron de la mano por las Barrancas de Belgrano y en la noche se despidieron en el Ezeiza.

Sólo dos días han transcurrido desde esa premonición.

domingo, 27 de julio de 2008

Pelìcula Recomendada

¿POR QUÉ SE FROTAN LAS PATITAS?


"Ano, sabés ¿por qué las moscas se frotan las patitas? Para no quedarse pegadas en ninguna parte. Cómo tu y yo, guapa."


El grupo que hace las canciones se llama Los Aslandticos. La canciòn De Momento es la que màs me gusta, hasta ahora.


Imagen: http://www.index-dvd.com/covers/300/porquesefrotancine-300a.jpg



LE PAPILLON
La Mariposa


- "Pourquoi les jolies fleurs se fanent?"

- "Parce que ça fait partie du charme".


- Por qué las hermosas flores se marchitan?

- Porque esto forma parte del encanto.



Imagen: http://image.blog.livedoor.jp/printemps75001/imgs/e/6/e6d15b17.jpg



MA VIE EN L'AIR
Mi vida en el aire




- Yes, I've found a job. I'm working right now.
- You're working right now ? Come on, what're you doing ?
- I'm testing medications. Actually, I test an anti-alcohol patch.
- While drinking wine ?
- Yes... See, it doesn't work



Imagen:
http://img5.allocine.fr/acmedia/medias/nmedia/18/35/86/89/18441650.jpg


jueves, 24 de julio de 2008

Terquedad

Tiene un par de ojeras dignas de una pelìcula de terror en las que la gente es muy blanca con unas ojeras muy oscuras. Ha dormido poco, comido poco y no ha salido a la calle durante el dìa hace màs o menos un mes. Se ha convertido en un animal de la noche, en un zombie que pasa màs de 12 horas diarias frente al computador esperando una pequeña ventana emergente que aparece -acompañada de un sonido- en la parte inferior derecha de la pantalla. La mùsica suena todo el tiempo, conversa esporàdicamente por messenger, salta de blog en blog, visita los perfiles de la gente y deja comentarios, se detiene a mirar fotografìas, busca videos, se mete a salas de chat y termina siempre en alguna pàgina de horòscopos, cartas astrales, numerologìa y cosas por el estilo.

La ventana emergente hace su apariciòn. El tiempo se detiene, el corazòn se acelera, la pupila se dilata, la boca saliva, las manos tiemblan, las mejillas se sonrojan, el estòmago se revuelve, los labios se estiran. Hace click para maximizar la ventana. Espera un momento para no parecer deseperada y luego escribe: hola. No ha presionado Enter y ya el temido aviso està allì: Soy tuyo!!! aparece como No conectado. Recibirá los mensajes que le envíes la próxima vez que inicie sesión. Enviar un mensaje de correo electrónico a este contacto en su lugar.

- ¿Correo electrònico? Ni mierda, prefiero esperar.

miércoles, 23 de julio de 2008

domingo, 20 de julio de 2008

Ciencia

Su teorìa se basa en contar la historia repetidas veces para que los acotecimientos dejen de doler. Mi teorìa en cambio se basa en el silencio. Hasta ahora ninguna ha resultado efectiva.

martes, 15 de julio de 2008

Festival

No te sientes al lado de un par de tórtolos en un espectáculo,
menos aún si es de entrada gratuita.
Ellos no tendrán problema en hacerse bromas mutuamente y
en dejar escapar risitas insistentes.

No te sientes al lado de un par de tórtolos en un espectáculo,
menos aún si cuando llegas están extremadamente juntos.
Ellos no podrán contener sus manos y se tocarán todo el tiempo.

No te siente al lado de un par de tórtolos en un espectáculo,
menos aún si se requiere traducción.
Ellos pierden el interés con facilidad,
seguramente comenzarán a susurrar.

No te sientes al lado de un par de tórtolos en un espectáculo,
menos aún si tienes dolor de cabeza.
No podrás evitar que por tu vista periférica y por las cavidades de tu oído
se cuelen los movimientos y los sonidos de sus besos.

No te sientes la lado de un par de tórtolos en un espectáculo,
menos aún si estás solo.

Picas, tréboles, diamantes y corazones

Estoy sentado en el kiosko de la piscina jugando cartas con mi hermano y su novia. No tengo un juego bueno pero por lo menos seis de mis cartas son de corazones. Acabamos de almorzar y tengo indicios de mal genio pues no he hecho la siesta, estoy jugando para no hacerle el desplante a Camila que fue la que hizo la propuesta.

Estoy concentrado en el juego y en madrear mentalmente a Camila porque no me tira cartas buenas y a Ramiro porque sólo habla estupideces de sus nuevos estudiantes. De repente, escucho una particular voz femenina. Es una argentina que no sé de qué habla pero me deleita con su "sho" y su "esha" y con que tiene una colección de mates y luego que "esa nena es hermosa" y yo pienso que no lo es tanto porque todo el rato ha estado gritanto "pa' mire esta hundida, pa' mire esta hundida" y el papá nada que mira a la pobre porque le está echando bronceador a su mujer y cuerpo de mujer mata hundida de niña como lo dicen de la coca cola y el tinto. Jueputa, por qué agarré este tres negro que no me sirve pa' mierda y boté la K que al menos era de corazón.

Sí, estoy jugando a la loca, sólo quiero coger corazones y botar el resto pero Camila no tira ni mierda, la negrita sigue con su "pa' mire esta hundida", la argentina que no se qué juego es muy divertido, el de la música que pone la novena de Mozart a todo volumen y yo que qué sueño y qué rabia porque me tocó agarrar una carta de diamante y botar un corazón porque estamos jugando apuntado a 101 y ya estoy en 92. Y a mi hermano le dio la tosedera y una señora en la piscina está gritando "Auxilio, auxilio" porque sus amigos decidieron bombardearla con agua y la ventaja es de 8 a 1.

En fin, Camila muestra sus espléndidas terna, terna y cuarta. Yo, derrotado por estar pensando maricadas, digo que me volaron del juego (apenas tenía una vil terna) y mi hermano, orgulloso, muestra cómo le cogieron sólo cinco puntos. Mientras ayudo a recoger las cartas agudizo el oído buscando la voz de la argentina. Reconozco que está conversando con una tosca y subdesarrollada voz masculina que entona un menos estético acento paisa. Cuánto me gustaría ser el tipo del Lado oscuro del corazón para recitarle un poema de Girondo y, aunque esha no sepa volar, tener esa dulce voz y ese melodioso acento para mí.

No aguanto más la curiosidad y busco con la mirada la dueña de la voz. Unos ojos verdes hermosos en un rostro de piel blanca hermosa y un cabello claro hermoso. Puesta esa cabeza hermosa en una figura, con vestido de baño púrpura, de proporciones en las que mi orgusho masculino no me deja fijar. Qué pena. Sigo mirándola y veo cómo su acento delicioso sale como un canto.

Me gusta tu acento querida pero qué hago, a mí me gustan con menos medidas. Con tu voz, con esa sí me quedo.

Me voy a hacer la siesta, mejor, antes de que quiebre un vaso o vaya y te robe un beso, nena.

domingo, 6 de julio de 2008

Rutina

Y empezó a imaginarlo (como hacía con todos los hombres que habían tenido un gesto amable con ella) en la vuelta de la esquina, en el bar del tipo calvo, en el parque de los sauces, en los semáforos de la 80 y hasta detrás del timbre de su teléfono. Trató de recordar cada una de las palabras que él le dijo en su corto encuentro pero el efecto que el alcohol tenía en ella era precisamente ese, lagunas de audio. Y empezó a buscarlo (al igual que lo demás) en los bolsillos, en los sueños, en los olores de otro hombres y hasta en la red. Con comillas, en búsqueda avanzada, en imágenes, redes sociales y blogs. No lo encontró pero se sintió feliz. El chico era, por tanto, mucho más real. Así que empezó a esperar (como en veces anteriores) el próximo encuentro.

martes, 1 de julio de 2008

Benedetti*

Para qué escribo algo yo si él lo dice todo.

Rostro de vos

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto y por sabor.

Sin un temblor de más,
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna maldición

Mis huéspedes concurren,
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor.
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan la jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van,
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos.

Y es una soledad
tan desolada.


Mario Benedetti.

*Como Bautizó mi Sis una entrada parecida.

lunes, 30 de junio de 2008

Horizontal Cinco Casillas

Prometiste volver antes de que yo terminara el crucigrama. Pero la única palabra que me falta es el nombre del lugar donde te encuentras.

No tiene Sentido

Lo dijo Cepeda. Gracias, Andrés

Estoy pensando que no tiene sentido
volver a encontrarme de nuevo contigo
estoy pensando que me doy por vencido
que todo se acaba mas yo no he entendido

Y pido a Dios que me colme de fuerzas
de pura grandeza
de armas y don, de valor y destreza
para entender que no tiene sentido
volver a encontrarme de nuevo contigo

Estoy tratando quizás de olvidar
diciembre que no, agosto que igual
te he preguntado si algo pasó
y nadie quedo para contestar

Y pido a Dios que me alivie el dolor
de tanta ilusión que creció con un sueño que hoy sigue viviendo conmigo
duele aceptar que no tengo motivos
ni tengo razones para estar contigo
Imagen: Elpais.com

sábado, 28 de junio de 2008

Dos segundos

Suficientes

Tomó un colectivo en el que viajaba poco y se sentó al lado de la ventana. Tenía treinta minutos para llegar a la panadería acordada para encontrarse con Alejo. Lo esperaba una ruta larga. No se acordaba mucho del recorrido del vehículo, sin embargo estaba seguro de que era el único que lo llevaba, desde su casa, hasta allá. Le compró una gomita en forma de aro al niño que se subió detrás de él en el paradero y les dio una moneda de 200 pesos al par de raperos que, con una grabadora amarilla y una pista interminable, cantaron casi diez minutos. Más que por el mensaje de la letra les dió la moneda porque le dijeron un dato curioso: "Rap quiere decir, revolución artística popular". Con esas palabras Lucho quedó maravillado.

La familiaridad de los barrios por los que pasaba el colectivo era esporádica, salvo cuando ante su ventana desfilaron los edificios que correspondían a la urbanización en la que él siempre había deseado vivir. Ahí se dió cuenta que se encontraba en el barrio de su novia anterior, de la que no sabía nada hace un buen tiempo y por la que todavía sentía un amor profundo. Ante el sentimiento de ansiedad que lo invadió estar de nuevo en ese territorio y al recordar que después del semáforo pasaría justo por la cuadra de la casa de Cristina, se mordió la manga izquierda del saco y de su boca se desprendió sonrisa. El semáforo, indiferente, permanecía en rojo y Lucho se empezó a preguntar si ella se habría cambiado el cabello, si todavía estaría viviendo allí, si conservaba los regalos que él le había dado, si la vería, si ya se había comprado la moto, si estaría de viaje, si estaría comprando el chance, en fin. El colectivo empezó a moverse y Lucho mordió con más fuerza la manga. La cuadra se acercaba y él, a la misma velocidad, giraba su cabeza hacia la derecha procurando no perder ningún detalle del panorama. La cuadra estaba desierta y no había nadie afuera de la casa de reja negra y jardín pequeño en la que vivía Cristina. Volvió su mirada hacia el frente un poco decepcionado. El vehículo aceleró, la luz era ahora amarilla. Lucho tuvo tiempo apenas para reconocer a la muchacha que venía caminando por la acera en dirección a él, pues el colectivo giró a la izquierda. Sonrío y se mordió el labio inferior. Se sintió como un tonto y enrojeció.

Le bastó una imagen de dos segundos para alegrarse. Aún sabiendo que su tiempo con ella se había terminado ya.

domingo, 22 de junio de 2008

Ritual

"Yo no sé que hacer con usted". Le dijo como quien se encuentra frente a un caso perdido. La primera medida que había tomado era tratarla así, de usted, como nunca lo había hecho. "Sus cosas ya están empacadas". Sentenció señalando la puerta y trazando una línea imaginaria hasta la sala dónde se encontraban el maletín y la caja de cartón. "Su ropa, sus regalos, sus cartas..." Y se quedó callado mirando la repisa que quedaba justo en frente de la cama. Allí estaba, un poco empolvada, la única cosa de la que aún no podía desprenderse: un avión de madera que ella le había traído de uno de sus viajes. "Usted no tiene que devolverme nada, quédese con lo que tenga". Le anunció recordando el pantalón ancho que a ella tanto le gustaba, la camisa blanca de Bugs Bunny con la que ella muchas veces dormía y el saco con el que se había ido. "Yo estaba dispuesto a esperar pero creo que usted exageró". Afirmó mientras cerraba la puerta del clóset. "Así que... yo creo que no hay nada más que decir. Que esté muy bien, la quiero, cuídese, adiós". Se sentó en la cama, suspiró, tomó la fotografía, le dio un beso y se acostó a dormir. Minutos antes de la media noche llegó ella. Entró procurando no hacer ningún ruido pero no pudo evitar tropezarse con el maletín y la caja. Se dirigío al cuarto, se quitó la ropa mojada, se puso la camiseta de Bugs Bunny y se metió en la cama: "¿Otra vez echando a mi recuerdo? Pues te va a tocar recibirlo de nuevo". Le dijo al oído y luego le dio un beso en la boca. Él sonrío, la abrazó y la besó de nuevo. Su ritual, una vez más, había dado resultado.

Imagen: http://elunicornioexiste.blogsome.com/images/maleta_parisfinal.gif

Zep

Me sueño tomando una foto como esta.

Para vos no tengo carnada ni pecera. Podés quedarte en el mar.

Hoy mi hermana me dijo que le regalara un pez. - Yo quiero un lobo siberiano. Jenni, regalame un pez - A mí me dio risa eso que me dijo tan incoherente pero le pregunté qué clase de pez quería y me respondió que un Betta del color que yo quisiera. - En un mes - Le dije. Por mí se lo compraba mañana pero si ella se va de viaje un mes pues lo mas lógico es que se lo regale cuando vuelva. Además yo no quiero comprarlo rápido porque me aburriría de cuidarlo, la vida de los peces de pecera me parece muy monótona y depronto me dan ganas de enviarlo de excursión por alguna quebrada y luego cómo lo recupero.

En mi casa han habido varios peces pero han durado poco, no porque yo los haya enviado de paseo sino porque se han muerto, seguramente de aburrimiento, pero a mí no me ha dado tristeza porque a los peces es difícil quererlos. Uno sólo puede jugar con ellos cuando les da la comida, o cuando los corretea con la red o cuando les pega en el vidrio, pero mi prima me dijo que a ellos no les gustaba que uno les pegara en el vidrio, entonces no lo volví a hacer y tuve un recurso menos para acercarme a ellos.

Yo tengo un amigo que estoy segura que es un pez. Afortunadamente él no es de pecera sino de mar abierto y hasta creo que de aguas profundas. Tiene colores muy bonitos y no se deja atrapar facilmente. Yo lo conocí en el mar, aunque muy cerca de la playa. En este momento él está en la costa, lleva allí muchos días pero seguro se está diviertiendo y demás que ya encontró un cardumen y un bonito arrecife. Yo sólo espero que alguna corriente lo traiga por estos lados para volverlo a ver. Ojalá sus escamas estén llenas de historias y no muerda ningún anzuelo. Sería muy triste que un pez exótico como él terminara en una barbacoa.

Creo que el pez de mi hermana será rojo, hoy que pasé por un acuario los vi y ese me pareció el más bonito. Además ella tendría su color favorito en una pecera y yo me acordaría de mi amigo. Ojalá en un mes ese pez todavía esté allí, o al menos otro del mismo color. Si no pues tocará comprarle otro y buscarme otra manera de recordarlo.

Imagen: http://www.loveearth.com/assets/cmsuploads/2981dd5b-5524-4bcd-9a4f-fadd412d55f0/Image.jpg

martes, 17 de junio de 2008

En la piel

Soltó el libro con rabia sobre sus rodillas. El cuento que estaba leyendo era demasiado aburrido. Miró hacia la calle con el ceño fruncido aún y se levantó de la silla para entrar a buscar algo que la pusiera de buen humor. Tomó la última cajita de leche achocolatada que quedaba en la puerta de la nevera y, después de incrustar el pitillo, comezó a beberla lentamente. Salió de nuevo al balcón y dirigó su mirada al cielo. Las enormes nubes blancas le hicieron pensar, como siempre, en crema de chantilly. Terminó su bebida, levantó la silla con el libro y la puso dentro de la casa, cerró el ventanal y se tumbó boca arriba en el tapete de la sala. Sintió cómo el silencio de su apartamento se le pegaba de la piel. Era la primera vez que experimentaba la soledad.

Se lamentó el no tener alguien con quien pintar las paredes blancas de ese lugar, con quien compartir el balcón, el tapete, la cobija, la leche achocolatada e, incluso, la ducha. Le dolió no tener a quien llevar al teatro, a quien contarle historias con la luz apagada y confesarle sus miedos a la luz de una vela. El vacío de no tener con quien cantar desafinado, recitar poesía de memoria, hacer juegos de palabras y llenar los crucigramas, se profundizó. Los recuerdos de un calor ajeno hicieron más ruidoso el silencio y mas dolorosa la soledad.

La tristeza la levantó del tapete y la llevó a la cama. Si tan sólo Siro no la hubiera rechazado las paredes estarían pintadas y ella no estaría estremeciendose por el frío de la cama.

lunes, 16 de junio de 2008

La nena del moño rojo

"Es como si hubiera una pared de celulosa que ninguno se atreve a cruzar"

Cuando se fue estaba triste. Yo sabía que había escuchado todo lo que Marlon le dijo pues no dejó de mirarlo a pesar de las lágrimas que se le acumularon en los ojos. "Ella no tiene miedo de entregarlo todo. Pero ningún hombre se ha atrevido a amarla", esas habían sido las palabras que hicieron que ella cerrara los ojos, tragara con dificultad y luego agradeciera con una inmensa sonrisa. Suspiró, bajó la mirada y las digirió lentamente.

Antes de irse se despidió de mí con un abrazo prolongado pero necesario. Le dije que no dudara en llamarme, que se fuera a descansar y que no se preocupara, que Marlon tenía razón y que ambas sabíamos que Juan era un cobarde y un idiota. Soltó una risita cómplice ensombrecida por la decepción, me dio un beso en la mejilla y se fue.

A eso de la media noche me llamó en medio de un doloroso llanto que mis propios ojos no pudieron contener. Hubo muchos porqués que no le pude ayudar a responder. Y es que yo tampoco entiendo por qué Juan se esconde y complica las cosas y las niega. No sé a qué le tiene miedo pero seguramente eso es lo que no lo deja ver lo bonita que es ella, las millones de cosas que tiene para dar y todo el amor que, si no fuera por él, ya le hubiera entregado, incluso, con un moño gigante.

"Yo la amaría", había respondido Maria después de las palabras de Marlon. Yo la amo, pero no es mi amor ni el de Maria ni la muerte del gato, lo que hace que a ella se le escapen las lágrimas y se le arrugue corazón.

Juan, no te escondas. Ámala y deja que te ame.

domingo, 25 de mayo de 2008

Indicio

Llega con una mirada pícara. Piensa, tal vez, en una buena excusa para justificar su retraso. Alrededor de sus labios está pintada una línea café. Él sigue ahí, quieto, con su mirada pícara, esperando. Me acerco a él y con mi boca limpio la suya. Chocolate.

Esa es su particular manera de invitarme a comer helado.

[ Pedazos ]

Cómo dice mi maestro de teatro: Estamos hechos de llanto.

[ No en vano lo primero que hacemos en la vida es llorar ]

1. Las lágrimas rodaban por las mejillas de la pequeña niña. Ella, en silencio y entre espasmódicos movimientos del diafragma, miraba como sus cinco globos de helio ascendían. Se alejaban con apuro de su manito blanca que los había descuidado, apenas durante un segundo, por la tentación de un algodón de azúcar. Su tristeza era comparable con la de quien pierde, entre las manos, el brillo de un puñado de estrellas.

2. Decime que me querés. Le dijo al oído mientras con la yema de sus dedos le acariciaba las cejas. Tenía los ojos cerrados y no pronunció palabra. La caricia se detuvo. Una lágrima se le escapó a los párpados que no quisieron abrirse. Él comprendió y se marchó.

3. Colgó el teléfono con rapidez. Se sintió orgulloso de haber sido tan frío, de haber tenido una conversación netamente académica y de no haber mencionado los hechos de la noche anterior. Utilizó el tono neutro que le habían aconsejado sus amigos y no dejó espacio para silencios. Lo más seguro es que ella habría quedado desconcertada, tal y como lo había planeado. Por eso colgó tan rápido, tanto que no se percató del sollozo que había estallado al otro lado de la línea.

Libertades

Es más fácil soñar con quien uno quiere cuando lo tiene al lado


Con el tiempo uno aprende a darse la libertad de refugiarse en otras cobijas, de decir lo que le produce taco en la garganta y de dejar que el cuerpo hable.

También aprende a darse la libertad de ducharse en otra regadera, de despedirse sin tristezas y de leer sentimientos en los ojos.

Con el tiempo uno aprende a darse la libertad de desayunar en otra mesa, de querer sin tener y de comunicarse sin voz.

También aprende a darse la libertad de sentarse en otra hamaca, de probar otros labios y de buscar otras manos.

Con el tiempo uno aprende a darse la libertad de olvidar, de conocer y de reconocer.

Aprende también a valorar la libertad del amor, a querer sin tener y a esperar sin apurar.

Con el tiempo uno aprende a darse la libertad de sentir el calor ajeno, de negarse y de huir.

lunes, 19 de mayo de 2008

Silencio y Colores

Hay que escuchar, no lo que queremos sino lo que nos dicen, y lo que no nos dicen, también.

Se la encontraba varías veces en la semana, 2 o 3, a la misma hora y en el mismo lugar: 5pm, en la parada del bus; esa que quedaba cerca a su trabajo y a la universidad de ella. Lo sabía porque ella no vestía uniforme, no aparentaba tener menos de 18 años, cargaba un morral de colores y en una que otra ocasión la escuchó hablando con alguien acerca de su horario.

Julián la detallaba con atención. Sabía que bajaba del bus en la panadería blanca, a 8 minutos de dónde se bajaba él. Que le gustaba la música en inglés, que hablaba duro, que tenía una amiga pelirroja, que odiaba la clase de Política, que buscaba siempre el puesto de la ventana, que tenía un tatuaje al lado izquierdo de su espalda y, según lo que había visto ayer, que le gustaban los cuentos. Cuando llegó a la parada la encontró con sus audífonos gigantes puestos y sumergida en los Cuentos breves para leer en el bus.

Se sentó dos bancas detrás de ella. A pesar de no poder ver sus enormes ojos oscuros, se conformó con ver su rostro de perfil mientras miraba por la ventana. Julián se hizo una promesa: el día que la viera de amarillo conversaría con ella.

Muchos días similares transcurrieron, azul, rojo, negro, blanco, verde, violeta, pero ninguno amarillo. Julián la veía, con sus audífonos grandes, su morral de colores y su libro de cuentos, que a veces era de Andrés Caicedo y otras de Carrasquilla. Entendió por fin que no podía quedarse esperando el color y se decidió a hablarle.

Llegó al paradero y se sentó en la banca buscando con nerviosismo qué palabras utilizar. La última información que había recolectado le revelaba que a ella le gustaban los gatos, las pinturas y las sombrillas negras, pero no encontró cómo utilizar lo que sabía sin parecer un acechador. La nena se sentó a su lado, con sus audífonos grandes, su morral de colores y, esta vez, un enorme girasol y una camisa amarilla. Julián dedujo que ya tenía un pretendiente e hizo caso omiso al color.

Desde ese día Julián trabaja hasta un poco más tarde para evitar encontrársela y detectar, tal vez, la presencia de un hombre en su vida. Lástima que no haya visto que la nena le dio las instrucciones para conquistarla: canciones, cuentos y flores.

* Cuento finalista en el 2° Concurso Nacional de Cuento RCN y Ministerio de Educación Nacional

domingo, 18 de mayo de 2008

De madrugada

Un violento movimiento del vidrio de la ventana me despierta. Escucho la lluvia, cae con fuerza. Abro los ojos y me doy la vuelta para quedar de frente a la ventana. Un relámpago ilumina la habitación. Con la mano busco algo que me pueda indicar la hora. El celular es lo primero que se atraviesa y lo agarro. La luz blanca que sale de su pantalla hace que mi adormilada pupila reaccione con violencia y que a mí me duela la cabeza. 3:40 am y un mensaje nuevo. Bostezo mientras pienso si leer el mensaje o no. Un trueno grita. Me siento en la cama y miro por la ventana. Me gustaría salir y dar vueltas, pero la ropa mojada es incómoda y me tocaría cambiarme y secarme el pelo y seguramente después cuidarme la gripa... mejor no.

Al final terminé cuidándome la gripa porque leí el mensaje y era del Pez diciéndome que volvía a la ciudad y quería verme porque me extrañaba, entonces salí a la calle, di muchas vueltas, y volví a acostarme, sin ropa y con el pelo mojado.

A la Cabeza


Hora Pico


Larga Vida


lunes, 12 de mayo de 2008

Cuando uno conoce a una persona, ésta se instala en alguna parte del cuerpo. Por eso cada quien produce una manifestación diferente. Algunas están instaladas en las manos, en las rodillas, en los hombros, en el cuello, en los pies, en el pecho o en la espalda. Otras se instalan también en el estómago, en la garganta o en las partes de la cara. Las menos trascendentales se quedan colgadas del pelo, por eso se olvidan fácilmente.

Hay que tener mucho cuidado con las que se llegan a meter en la cabeza, son difíciles de sacar y además producen dolor.

sábado, 10 de mayo de 2008

Si las lágrimas aliviaran los dolores, hicieran realidad los deseos, quitaran la ansiedad y resolvieran los problemas, vendrían en inyecciones, lámparas mágicas, ansiolíticos y líneas de atención al cliente.
Ultimamente me está dando la buscadera. Busco en todos los bolsillos, cajones, rendijas, orificios... No sé dónde más hacerlo. Todo sería mucho más sencillo si supiera qué es lo que tanto busco.

Inventario

No me gusta que mi carro a control remoto no funcione, que las personas que quiero sufran, que no haya un chocolate cerca cuando estoy triste y que se me olvide alquilar la película en la que estuve pensando toda la tarde.

Me gusta andar en moto, dar abrazos de oso, comer helado con crema de chantilly y reirme a carcajadas.

No me gusta que me digan lo que tengo que hacer y que piensen que soy ilusa sólo porque no creo que el dinero lo sea todo.

Me gusta sentarme en el pasto a mirar el cielo, hacer burbujas y reirme a carcajadas.

No me gusta querer escribir y que las palabras se queden por ahí atoradas.

Me gusta cantar mientras voy en un carro con el viento pegándome en la cara y desordenándome el pelo.

No me gusta lo que se siente cuando se es rechazado, ni cuando se espera, ni mucho menos cuando se rompe el corazón.

Me gusta cerrar los ojos y sentir las caricias, correr para acelerar el encuentro y dar besos suaves y cortos.

No me gusta no saber lo que quiero, al igual que no saber si prefiero tus palabra o tus silencios.

Me gusta que me quieras, cerca o lejos pero me gusta

Mi carro a control remoto no funciona, seguro que es la batería. Tiempo atrás diría que yo no funciono y que seguro es tu ausencia, pero hoy digo que yo no funciono y que seguro es el frío. Ahora que lo pienso, es casi lo mismo.

sábado, 26 de abril de 2008

Fragmento de "Cartas a Gaviria" (II)


"... Sos un insolente, Gaviria. Cómo te atreves a pasar por mi casa sin saludar. No es que pase mi tiempo mirando por la ventana, no sé qué tenía de especial ese miércoles pero me senté allí, escondida por el árbol este que no me acuerdo cómo se llama. Recuerdo que hacía calor y había poca gente en la calle, uno que otro perro callejero y los usuales buses de cada cinco minutos. Tu figura la conozco demasiado bien, Gaviria. No es difícil de reconocer tu paciente caminar, tu espalda encorvada de manera leve y tu crespo y rebelde cabello. Pasaste caminando, con las manos en los bolsillos y la mochila cruzada. Miraste mi edificio sin detener tu marcha. Cuánto me hubiera gustado ver otra vez esos ojos oscuros que me descifraban tan bien. Tu mirada es difícil de describir, Gaviria, pero cómo la recuerdo, a tal punto que mi piel se eriza. Sé que con tus ojos recorriste las escaleras. Las únicas testigas presenciales de nuestras conversaciones. Sé que te acordás de todas esas mañanas en las que, sentados en mis escalones, discutíamos hasta llorar o nos besábamos hasta quedar sin aliento. Qué días esos, hombre, cuándo no era lo uno, era lo otro. Salvo esa tarde fría en la que llegaste cansado y yo también estaba cansada, y no dijimos más que hola, hola, cómo estás, bien y tu, bien. El silencio y el atardecer se apoderaron de nosotros y tus manos y las mías supieron llenar ese vacío. Extraño tus silencios, Gaviria. Silencios que estaban llenos de misterios y que, muchas veces, escondían dolorosas respuestas. Reconozco que callé muy poco, en ese entonces no había aprendido aún a escuchar en el silencio. Tus palabras sí que las escuché,  muchas de tus frases puedo decirlas hoy de memoria. Trato de no olvidarlas pues, dejame decirte algo, querido, tu imagen se me está poniendo algo borrosa..."

Destino

Pablo arreglaba los cajones de su escritorio. Cosas olvidadas e inútiles, y otras no tanto, emergían de esos lugares oscuros. La mayoría de objetos y papeles terminaban en la bolsa que posteriormente estaría afuera de su casa esperando al carro recolector de basura. Un cuaderno argollado, con menos de 50 hojas, reposaba en el fondo del segundo cajón de la derecha, el único cajón que él cerraba con llave. Le llamó la atención el recelo con el que había guardado ese cuaderno durante quien sabe cuánto tiempo. La carátula de Los Simpsons lo hizo sonreír. Pasó las hojas y se encontró con su cursiva y mediana letra, a veces en textos azules, otras negros y uno que otro rojo. Se sentó en la cama y leyó. No eran escritos buenos, su actual conocimiento en creación literaria le permitía establecer ese juicio, pero estaban cargados de nostalgia y de recuerdos. No era necesariamente un diario, sino sólo un conjunto de escritos que podían dar cuenta de la evolución de su vida durante ese tiempo. Todos habían sido escritos varios años atrás, cinco quizá seis, cuando su vida sentimental parecía pasar por un buen momento. El que más le gustó estaba en tinta roja y decía:

No es posible que pueda decirme tantas mentiras y no creerme ninguna.
Son innumerables las veces que, sacando pecho, he proclamado que ella me importa un pito.
Ojalá, ojalá ya me la hubiera sacado de la cabeza, ojalá no me acordara tanto de su manera de hablar y de sus miradas de niña mala queriendo que yo me entere de sus intenciones.

Mentira.

Es verdad, cada vez que brindo digo que por el olvido, que ella se lo pierde y cuántas mierdas más. Pero qué va, si tengo más que presente su sonrisa, la suavidad de su piel y la sensación de jugar con su cabello.

Mentira.

Me he mentido también en todas y cada una de las noches en las que me he acostado en mi cama diciéndome que no escuchar su voz me duele cada vez menos, sabiendo que mi dolor aumenta cuando me imagino los susurros que me pudo haber dicho, las canciones que me pudo haber cantado y los escritos que me pudo haber leído.

Mentira.

Me miento para tratar de calmar el dolor, para no ver que la tengo colgada en las paredes y hasta debajo de la cama.

Al fin creo que todo lo que me pasa es mi culpa por creer lo único que no debí haberme creído: Que ella me quería.

Al terminar la lectura Pablo sonrío, "Como me hiciste sufrir, Anita", se dijo. Arrancó la hoja y se la metió en el bolsillo, guardó de nuevo el cuaderno y continuó con su actividad. "Para al final hacerme tan feliz", concluyó.

Entradilla

"Somos expertas en enamorarnos solas". Maria

Maria tenía razón. En el fondo lo sabía pero es lo que ocurre con esas cosas que se saben pero duelen, no se quieren aceptar. Llegué a pensar que podría haber algo de realidad en mi cúmulo de imaginerías, culpa del maldito hábito de perder de última a la esperanza. Debería haber un antiobiótico anti-ilusionamiento, que se tomara cada 6 horas y no produjera efectos secundarios. Me pregunto una y otra vez cómo pude llegar a este estado de ebriedad con un indicio tan débil pero a la vez tan delicioso. Fue algo así como emborracharse con una cerveza ligera pero helada. Al final lo que quedó fue un vaso vacío y un guayabo prolongado. Qué horror. Maria tenía razón, toda la razón del mundo... me lo advirtió, yo la escuché y lo que hice fue rerime con mi cara de "eso va viento en popa". Qué estupidez. Al fin y al cabo por algo dicen por ahí que "la letra con sangre entra". Así toca aprender.

Ya me cansé de derrochar mis energías y exponer mi ánimo en un asunto que no tiene sentido. En un juego que perdí desde el inicio. Nunca he sido partidaria del masoquismo, por eso reconozco que es hora de alejarme, de depurar mis pensamientos y de salir del abismo al que me tiré sin ninguna protección. Ayer me vi una película de drama, ahogué mis penas en helado y arreglé mi cama diferente. Ayer comenzó el duelo.

miércoles, 23 de abril de 2008

Más allá

Mi hermana me dijo que yo necesitaba ver más allá. En realidad quiero hacerle caso pues tiene la autoridad para decírmelo, además como ella es mayor sabe de esos asuntos. Lo que ocurre es que es muy difícil. Cuando las paredes están muy altas y las canecas no son suficientes no se puede construir una buena escalera para pasar al otro lado, entonces me tocó poner primero el escritorio, es amplio y firme así que tengo una buena base. Luego puse una silla del comedor y sobre la silla coloqué la caneca. Mis dedos alcanzan a tocar la parte de arriba del muro pero cuando intenté saltar para levantarme, la caneca se cayó, me raspé los codos y casi me mato. Quizá necesite de alguien que me haga patagallina, mi hermana lo intentó pero yo soy muy pesada y no pudo levantarme, pero me prometió que buscaría a alguien. Depronto la solución más sencilla sería salir por la puerta pero hace mucho rato no veo al señor que tiene la llave, a lo mejor la perdió y por eso no se ha pasado por acá. Entonces nada. Otra posible solución sería tumbar el muro pero ahí si necesitaríamos maquinaria pesada y tampoco la situación está como para hacer un desastre; es lo mismo que pasa con los bomberos, ellos tienen otros asuntos más importantes que atender, yo puedo esperar. Esperar a que alguien se detenga del otro lado de la pared y se percate de mi encierro o a que mi hermana pueda conseguir a alguien. Creo que haré un volante para tirar del otro lado del muro, así sería más fácil poder conseguir ayuda o si el señor de la llave la encuentra me podría abrir la puerta:

lunes, 14 de abril de 2008

10pm

Es la hora la que me pone susceptible. Siempre, alrededor de las diez, cuando ya estaba metida en mi cama, sonaba el teléfono. Yo me levantaba, a veces con pereza y otras con un ánimo extraño, y al tercer timbre ya estaba descolgando la bocina. Me sentaba en el frío piso de baldosa y conversábamos largo. Después de colgar, me iba corriendo con una sonrisa hasta mi cama y me tiraba en ella, tiritando de manera voluntaria para generar un poco de calor. Allí fue cuando decidí comprar un tapete y ponerlo al lado de la mesa del teléfono. En ocasiones hacía tanto frío en la sala que tenía que detener nuestra conversación para ir en busca de un saco y unas medias. Allí fue cuando decidí comprar un teléfono inalámbrico. Podía escuchar tus historias en el calor de mi cama y hasta podía llamarte, sin moverme de mi cómoda posición, cuando no podía dormir. En las noches más calurosas esperaba tu llamada sentada en el balcón. No había nada más hermoso que compartir historias y fumar por teléfono, vos por tu causa y yo por la mía, pero ahí, acompañándonos en el letargo y en el silencio. Cuándo dejaste de llamarme dejé de dormir. Allí fue cuando decidí cerrar la puerta del balcón, tirar el inalámbrico por la ventana y deshacerme del tapete.

domingo, 13 de abril de 2008

Qué mala idea esa de prender la luz cuando no se han revelado las fotografías, de ponerse sandalias en invierno, de comer chicle con hambre, de leer con sueño y de actuar sin pensar... casi tan mala como enamorarse de quién no se debe.
Amarina tiene frío y no puede dormir. La finca está solitaria y a oscuras. Su novio, Lolo, su hermano, Federico, y la novia de su hermano, Carmen, se han ido a bailar a una de las dicotecas del pueblo. Ella decidió quedarse, la discusión que tuvo con Lolo y los indicios de gripa la indispusieron y la obligaron a irse a la cama. Después de estar una hora con los ojos cerrados y de dar vueltas esperando el sueño, decide levantarse y tomar leche. Camina con algo de miedo, ese que produce la mezcla de oscuridad y soledad, y enciende la luz de la cocina. Abre la nevera y saca la leche. Mientras busca la sartén escucha el sonido de la campanilla que cuelga del collar de Sombra, su perra labrador negra. Sombra entra a la cocina y Amarina se agacha para acariciarla, se pone de pie y busca en la alacena una galleta para su perra. Después de servir la leche caliente en un pocillo apaga la luz y sale de la casa, se sienta en la banca de madera que está al lado de la puerta principal. Sombra se sienta a su lado aún soboreándose la galleta. El silencio, interrumpido sólo por el cantar de las chicharras, le permite a Amarina darse cuenta de lo único que realmente desea: tener la capacidad de hacer que el tiempo pase más lento, de detenerlo, incluso. Así podría darle más tiempo a la ira de calmarse, al dolor de apaciguarse, a la tristeza de llegar e irse, a la alegría de durar un poco más, al miedo de manifestarse, y al amor de agonizar menos rápido. Pero, sobre todo, le permitiría darle más tiempo a aquellos momentos que se viven con los ojos cerrados. El último sorbo de leche, el pocillo en el lavaplatos y Amarina en la cama fría, casi mojada. Con más dolor de cabeza que sueño, ese que producen los deseos que no se deben desear.

viernes, 11 de abril de 2008

Fragmento de "Cartas a Gaviria"


"... No sé en qué momento nos hicimos tando daño, Gaviria. Nos dejamos llevar por el vacío y por el deseo. Construimos un mundo de vertiginosas espirales. Sentimos más de lo necesario, más de lo que pedía el cuerpo. Alimentamos poco el alma y pensamos que no eran importantes los comportamientos ritualizados. Decidimos estar al margen de las normas y las concepciones sociales y procuramos habitar en función del deseo, propio y mutuo. Fuimos un caos, Gaviria, un caos que nos daba libertad y felicidad pero que al final nos volvió mierda. Nunca entendimos que la gente no está dispuesta a compartir la totalidad de lo que tiene. A vos te tenía Alicia y a mí (sabés bien lo que me duele decir esto) me tenía Sánchez. Ni ella ni él estaban dispuestos a compartirnos al igual que ni vos ni yo estábamos dispuestos a ser pertenencias. Qué decirte ahora, hombre, he perdido tu rastro y no he encontrado con quien compartir mi vida. Podría decir, con gratitud, que soy sentimentalmente libre, pero no. No importa que Sánchez se haya ido, ese no es el asunto. No recuerdo si alguna vez hablamos acerca de la libertad del querer pero voy a decirte la conclusión a la que he llegado: Nadie es sentimentalmente libre. Cuando volvamos a vernos sería bueno debatir al respecto. Qué cosas, Gaviria, quisiera encontrate de nuevo, construir otro mundo vertiginoso y espiral, violar y cumplir otras reglas, ser víctima del vacío y del deseo y retomar el caos sin importar que al final termine vuelta mierda, de nuevo..."

miércoles, 9 de abril de 2008

Insuficiente

No basta tener toneladas de trabajo, hacer ejercicio al máximo, comer sin preocupaciones, sacar la cabeza por la ventana, cantar con todas las fuerzas, bailar hasta el calambre ni escribir hasta la tendinitis.
No bastan doce resmas de papel, veinte respiraciones por minuto, un latido por segundo, cuatro novelas en un mes, un dolor de cabeza al día ni ocho pañuelos cada media hora.
No basta no oír, no ver, no hablar, no tocar, no sentir...
Todo es insuficente para ahuyentar a un fantasma.

domingo, 6 de abril de 2008

Instrucción

Para salir hay que mirar afuera, para mirar afuera hay que salir.

Altibajo

Poco a poco me agoto. No son gratuitos los ataques repentinos de sueño, de tristeza, de euforia ni de ira. Mi energía va en decadencia. Al principio no me importaba vivir en función de los dos, pensaba que "la juventud puede con todo" era la excusa perfecta para hacer lo que hacía. Me tenía sin cuidado entregártelo todo, mi atención, mis dudas, mis miedos, mi cuerpo. Me sentía feliz cuando me sorprendías con tus escasos detalles. No tenía ningún problema en darte tiempo y espacio y en ocasiones hasta disfrutaba de tu ausencia pues era tiempo también para mí. Nunca te fui infiel, ni de pensamiento siquiera. Nunca te hice un reproche. Nunca te dije una mentira. Nunca te negué nada. Tal vez ese fue mi error, no negar. Te malcrié y seguramente por eso cuando te fuiste te llevaste también mi alma.

Tarea

Tengo que aprender a escuchar.

lunes, 31 de marzo de 2008

¿Cruzar o no cruzar?


Indecisión

Palabras prestadas

No sé cómo buscarte,
si lo supiera no sé si lo haría,
me he convencido de la dificultad de encontrarte.

Qué decirte cuándo te vea,
cómo justificar mi búsqueda,
mi presencia,
mi ansiedad
y mi espera.

No sé cómo borrarte,
si lo supiera no sé si lo haría,
me he acostumbrado a cerrar los ojos y verte.

Qué hacer si me faltas,
cómo calmar mi tristeza,
mi angustia,
mi anhelo
y mi llanto.

No sé como no esperarte,
si lo supiera no sé si lo haría,
me he persuadido de la necesidad de tenerte.

Qué decirle a tu ausencia,
cómo hacerla mi compañía,
mi confidente,
mi esperanza
y mi monotonía.

No sé cómo quedarme con vos,
si lo supiera no sé si lo haría,
me he convencido de no poseerte.
- ¿Ya encontraste a la que vuela?
- Es difícil...
- ¿Que cosa?¿La búsqueda?
- El amor...
- ¡Claro! ¡Si creés que existe ya estás perdido!
- ¡Pero si está en el diccionario!
- ¿Ah sí? Contáme haber cómo lo define la Academia.
- Amor: del latín amor, -oris. Eme. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
- ¡Encuentro y unión preferiblemente de tipo sexual con otro ser igual de insuficiente, de necesitado y de idiota! Eso se acerca más a la definición de conveniencia.
- ¿Entonces pensás que el amor se limita al sexo?
- ¡Que el amor no existe te digo! Pero sí, la búsqueda del hombre se limita al sexo.
- Que equivocada estás...
- Que iluso sos...

sábado, 29 de marzo de 2008

Cierra los ojos.
No hables.
Respira.
Percíbeme sin tocarme.
Siente la conexión.
Escucha.
No dudes.
Camina.

Solo así podremos hacerlo verdaderamente juntos.

Reclamo

¿Qué papeles debe llevar uno y dónde los presenta para hacer un reclamo por una semana que vino defectuosa?
Rueda una lágrima y cae en el café. Tocará ponerle más azúcar, entonces.

viernes, 28 de marzo de 2008

Posposición

H estaba parado al borde del abismo, nunca le habían dado miedo las alturas así que sin ningún problema miraba hacia abajo, casi hipnotizado, el acantilado. Sentía mucho dolor, más a nivel sentimental que físico, respiraba con pasividad y no podía evitar que una que otra lágrima se le escapara. Los recuerdos amargos se mezclaron con los amenos en un interminable y psicodélico flash back; las amarguras superando siempre en intesidad emotiva a las alegrías. H tomó aire, y miró hacia abajo con resignación, cerró los ojos y dobló levemente sus rodillas para impulsar el salto. Estando a punto de empujarse hacia arriba abrió los ojos y se quedó quieto. Se había olvidado de darle la comida a Pluto, el suicidio quedaba pospuesto.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Pedazo de Pasado

De vos solo tengo pedazos. Pedazos de besos, de miradas, de caricias, de palabras... de canciones no porque a esas el tiempo no las rompe.

No sé que pasa con los pedazos, seguramente se habrán ido volando cuando abrí la ventana o la puerta, o cuando encendí el ventilador. Ya te dije que esas cosas las rompió el tiempo aunque para qué mentirte, en ocasiones usé las tijeras y en otras el bisturí, y a veces el cuchillo, y hasta mis manos utilicé... Qué hago si el tiempo a veces se pone demasiado lentejo con sus labores y yo me impaciento. Pero eso sí, los pedazos se han ido no por mi voluntad sino por la del viento que todo se lo lleva, muchos de ellos han tenido pisapapeles y cosas pesadas encima pero también he tenido que evitar que salgan volando otras cosas que me resultan más... no sé, útiles, menos dolorosas, qué se yo.

¿Cajones? No, nunca. Los cajones son para las certezas, para lo que uno no tiene que recordar. Para qué guardar recuerdos en un cajón si frecuentemente lo vas a estar abriendo y cerrando... No, los recuerdos van afuera luchando por no ser llevados por el viento ni rotos por el tiempo, así funciona.

Vos sos un pedazo más, estas ahí junto con los otros pedazos que tienen tu firma. Te aviso que ya se voló el pedazo que tenía tu olor y acabo de ver salir al que tenía tu sabor. Poco a poco se te van yendo las cosas o se me van yendo o se le van yendo a ella, no sé realmente de quien son, creo que al final son de todos o de nadie o más tuyas que mías, en fin.

Algún día, pedazo de pasado, voy a utilizar esa piedra que te sostiene, ese día, espero que te volés, rápido, y que ningún viento te vuelva a traer.

Silencio

A Lola alguien le dijo una vez que escuchar música con audífonos era poner una barrera entre sus pensamientos y el mundo exterior. Por eso, cada vez que no quiere pensar llena el mp3 con sus canciones favoritas, que no son pocas, y se pasa el día con sus audífonos puestos. Hoy, por ejemplo, es uno de esos días. Alrededor de las 11 de la mañana, despues de darse una larga ducha y pelear con sus inquitantes pensamientos, sale de su casa para caminar y olvidarse de todo. Camina sin afán, canta cuando no hay nadie cerca y se limita a mover los labios cuando está rodeada de personas. Se sienta en la banca de un parque a la sombra de un árbol a mirar el cielo y a cantar, sube el volumen y cierra los ojos, afortunadamente a esta hora las personas están más preocupadas por su almuerzo que por la conducta de los demás.

El hambre y la falta de plata hacen que Lola vuelva a su casa después de mucho caminar, mucho sol y mucho calor. Entra, se acuesta en su cama y canta como en un susurro, se asoma una lágrima y el dolor de cabeza característico del hambre con el que tendrá que lidiar para inventarse un almuerzo. Se siente casi egoísta por no prender el equipo de sonido y poner la música a todo volumen, por no llamar a Susana y desahogarse y por no llorar como le gustaría. En el fondo disfruta su egoísmo y su vendaval interno.

Lástima que Lola, de tanto evadir su pensamientos se haya quedado sorda. Ahora tendrá que pensar, siempre.

lunes, 24 de marzo de 2008

No sé Olvidar

Ya lo dijo el poeta maldito, no es agradable la espera cualquiera que sea.

Quisiera que el amor dure cinco minutos
aunque es el único dolor merecido
los inocentes somos culpables siempre.

Quién dijo cómo tenía que ser todo
por qué no podría ser a mi modo
que la libertad sea divina.

Porque el amor te espera en la esquina
y el dolor te espera en cualquier lado
ya no quiero mi aliento oxidado solo para mí.

Que alguien me diga lo que tengo en el pecho
y me lo saque de mala manera
no es agradable la espera cualquiera que sea.

Podría confesarte todo sin problema
también olvidarme de mi pasado
bailo mejor acostado y no se olvidar.

Porque el amor te espera en la esquina
y el dolor te espera en cualquier lado
ya no quiero mi aliento oxidado solo para mí...

Gracias, Andrelo

B&W

domingo, 23 de marzo de 2008

Quiero un Abuelo

Yo quiero un abuelo que me cuente historias sin importar si son inventadas o no. Quiero un abuelo que me diga "mijita" y que se ponga sombrero. Quiero un abuelo arrugadito y canoso que se ponga sudadera y cachucha plana para salir a caminar con otros abuelitos. Quiero un abuelo que cuando me vea me de un besito seco en la mejilla, me pida que le lea los titulares de la prensa cuando se le queden las gafas y tenga paciencia para mi lectura de segundo de primaria. Un abuelo que me invite a helado mientras le damos la vuelta a la manzana caminando despacito. Quiero un abuelo que me enseñe historia patria, que me muestre con orgullo su vitrola y ponga los tangos que aún no se le han olvidado. Quiero un abuelo que me abrace fuerte, me siente en sus rodillas y me sobe la cabeza cuando esté llorando porque me caí jugando chucha cogida. Un abuelo que me eche cosas que arden en los raspones. Quiero un abuelo que me enseñe a tirar el trompo y a encholar la pirinola. Un abuelo que me hable de la primera vez que conoció el mar. Quiero un abuelo que me cuente como conquistó a mi abuela. Un abuelo con el que pueda sentarme en el balcón a mirar pasar la gente. Un abuelo que me traiga confites cuando vuelva del Centro. Quiero un abuelo que en navidad me regale una muñeca de trapo, que me haga la trenza, así sea despelucada, cuando mi abuela esté ocupada y que me lleve al colegio. Un abuelo a quien le gusten mis dibujos y que no le importe que esté desafinada cuando le cante mis canciones de la Iguana, de Sammy el heladero y de los otros que me gustan. Quiero un abuelo que me explique cómo plantar una matica y que me enseñe cómo se llaman las flores.



Quiero un abuelo para no llorar cuando vea a los viejitos solos en la calle y para no tener que resistir las ganas de abrazarlos.

Apagón

Se fue la luz y no he podido encontrar las velas. Me siento al lado de la ventana y me divierto escuchando los gritos de la gente en la calle. Cualquier cosa es mejor que escuchar quien sabe qué dentro de la casa vacía. Escucho la llave en la cerradura. Menos mal entraste gritando mi nombre porque perfectamente me hubieras podido matar de un susto. Me das un beso, me tomas de la mano, tropezamos con las cajas que no hemos desempacado y nos ponemos a jugar. Ahora me importa un pito la luz, por mí, que no vuelva. Mejor, que no amanezca.

domingo, 16 de marzo de 2008

Ninguna

Qué culpa tiene la nena de sentirse sola, de preferir devorar libros de novelas a ver televisión, de soltar lágrimas cuando no consigue lo que quiere, de tener que vivir bajo las reglas de un padre que siempre dice que no. Qué culpa tiene ella de soñar, de tener anhelos de libertad y encontrarla, los fines de semana, en las cuatro paredes de su habitación. Qué culpa tiene de querer querer, de querer volar, de querer un perro, de querer vivir sola, de querer salir hasta tarde, de querer flores, de querer ser ella, de querer hacer lo que quiera, de que nada le importe y luego le importe todo. Qué culpa tiene la nena de sentirse con ganas de escuchar música romántica, de gritar, de dormir, de besar, de bailar, de actuar, de beber, de llorar, de reír, de fumar, de escribir, de irse.

Qué culpa tengo yo de tener a esa nena por dentro.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Vitral

En mi cuarto, colgado de la pared azul hay un pequeño vitral que alguien me regaló. Lo único que recuerdo de su procedencia es que me lo dío un amigo secreto. No está firmado y seguramente hace tiempo me deshice de su empaque. Lo bueno de no recordar quien me lo regaló es que no tendré que darle a nadie la mala noticia de que se ha quebrado, lo malo es que no tendré quien me lo reponga.
Quisiera tomarme una pastilla para el dolor de cabeza pero sé que no funcionará... mi cabeza no está conmigo. Que se tome la pastilla él haber si me deja de doler.

lunes, 3 de marzo de 2008

Trato

¿Que tal si te regalo la luna y vos me regalás un pedacito de cielo?
¿Que tal si te regalo una sonrisa y vos me regalás un beso?
¿Que tal si te regalo una mirada y vos me regalás un secreto?
¿Que tal si te regalo una hora y vos me regalás más tiempo?
¿Que tal si te regalo una almohada y vos me regalás un sueño?
¿Que tal si te regalo una puerta y vos me regalás un rincón entero?

Hagamos un trato, nadie saldrá perdiendo, te lo prometo.

lunes, 25 de febrero de 2008

Ambulancia

Imagen: www.fotolog.com/ang3l_ka1do
Busquen en el banco de lágrimas un litro de las cristalinas, suban a la señorita con cuidado a la camilla sin moverla demasiado para evitar que la hemorragia continúe, recojan el medio corazón que aún palpita y colóquenlo en la cobija térmica para mantenerlo tibio. Vigilen su respiración que hasta hace un momento era dificultosa. Llevemos ese CD de Fito Páez que hay en su grabadora y pongámoslo en la ambulancia para que tenga bonitos pensamientos. Al llegar al hospital, llévenla directo al quirófarno para hacerle una cuantas puntaditas en el corazón. Un beso en la frente, unas bonitas flores, globos de colores, torta de chocolate, tinto, un gatito, tarjetas de recupérate pronto, cuentos y abrazos de oso de su amigos, en su habitación, por favor.

La Bruja

Imagen: http://www.canal3.cl/septimallave/reportajes.html
Señor, usted está embrujado.

La verdad no sé con exactitud si fue víctima de una bebida con limadura de uñas en noche de luna muerta o si le aplicaron el hechizo de la manzana, el vaso de agua, la vela rosada, el puñado de tierra y la pluma, el caso es que, lastimosamente, hizo efecto.

Tenga en cuenta que en los asuntos del amor hay personas que les gusta jugar sucio, que actúan según la consigna: "El fin justifica los medios" y que eso implica, incluso, dominar los sentimientos ajenos.

Piénselo bien, tal vez la Bruja está jugando, no sólo con sus sentimientos sino también con los de la gente que usted aprecia.

Recuerde que usted tiene la libertad de elegir de que cadenas quiere ser esclavo, no permita que alguien lo encadene sin su consentimiento.

domingo, 24 de febrero de 2008

Adaptación

Espero no ver en tus ojos lo que quiero ver, sino lo que me querás mostrar.

Lía termina de arreglar su cama de edredón azul y se tumba sobre ella, boca arriba y expirando con fuerza, arreglar un cuarto que ha permanecido desordenado durante toda la semana no es una tarea fácil. Tararea en voz baja la canción de Alanis Morissette que sale de su grabadora y con los ojos clavados en una caja de cartón vacía al lado de su puerta, trata de convencerse de que es necesario utilizarla para sacar, de una vez por todas, el arrumo de cosas que hay debajo de su cama. El problema es que lo piensa demasiado. Su eterna lucha contra el apego no ha dado muchos frutos pero, por lo menos, han disminuido las veces en que se acuesta boca abajo con la cabeza en el borde y mira, en silencio y con una que otra lágrima, los objetos empolvados que reposan allí.



En los últimos días Lía se ha acordado menos de su relación anterior, aquella que terminó hace tres meses y que le dejó bonitas experiencias, habilidad para discutir y objetos inútiles; la razón de su progresiva recuperación es Siro, el mejor amigo de su hermano Martín.



Siro es un chico simpático, conversador, aventurero y algunos años mayor que Lía. De todas las veces que ha ido a la casa de Martín pocas se ha encontrado con ella, salvo durante las últimas dos semanas en las que ha estado trabajando hasta tarde con su amigo y han cenado los tres juntos. Martín sabe de sobra el interés que siente Siro por su hermana, pero prefiere tomar una posición de espectador antes de cometer alguna tontería.



Siro opta por actuar con prudencia, no quiere parecer acosador ni tomar el rol de paño de lágrimas de Lía, pero no pierde oportunidad de lanzarle una mirada coqueta. Está dispuesto a conquistarla y tiene buenas intenciones.



Lía, por su parte, no está muy segura de cómo responder a las señales de Siro antes de que lo hagan sus mejillas. Está interesada en él pero quiere que todo ocurra con calma, además necesita deshacerse de todo lo que la atormenta antes de dejarlo entrar. A pesar de los nervios que siente cuando su mirada se cruza con la de Siro, más de una vez ha logrado intimidarlo.



Lía está absorta en sus pensamientos cuando escucha que alguien toca la puerta de su habitación: "¡Está abierto!" exclama mientras piensa cuál canción de The Cure es la que está sonando. La puerta no se abre así que decide levantarse y mirar quien es el sordo. Abre la puerta y se encuentra con Siro: "¡Hola!" dice él con energía. "Hola", le responde Lía sosprendida. "¿Querés pasar?" le pregunta después de un incómodo silencio. Siro lo piensa mirándola a los ojos, saca una flor amarilla y le responde: "Si me dejás ayudarte a limpiar debajo de tu cama".



Poco a poco fueron saliendo los objetos y llegando las flores. La caja está llena y los floreros también.

viernes, 15 de febrero de 2008

Cobardía

Él está sentado, como cada viernes, en el borde de la acera de enfrente bajo una de las luces amarillas que iluminan la calle. Con una mirada fija en aquella ventana de cortina blanca parece concentrar todas sus fuerzas en encender la bombilla de la habitación. No pasa nada, no pasa nadie. Él suspira profundo y piensa que tal vez sería más sencillo si esta vez si tirara piedritas hacia su ventana: "No puedo, soy demasiado cobarde", se dice, aludiendo a una serie de acontecimiento ocurridos durante la semana, el lunes compró un ramo de flores pero decidió dejarlo en un banco del parque, el martes contrató un grupo de mariachis pero canceló el servicio dos horas antes de la presentación, el miércoles la llamó un par de veces pero al segundo timbre colgó, el jueves le hizo una pintura en un pliego de papel bond pero al final terminó colgada en el cuarto de su hermanita. Ya era viernes y estaba apunto de lanzar la primera piedrita cuando vio a lo lejos las luces de un carro que se acercaba, se escondió entre los arbustos y vio como ella descendía del vehículo después de darle un apasinado beso al muchacho que iba al volante. Con los ojos llenos de lágrimas y conteniendo un agudo sollozo la vio caminar, bonita como era, con sus largas piernas, su vestido rojo de lunares blancos, su cabello negro y liso a medio coger por una hebilla y su amplia y deslumbrante sonrisa. El carro se alejó y ella, antes de abrir la puerta, se dio vuelta y miró con atención el trozo de pavimento que había acabado de recorrer. Se alejó cuatro pasos de la puerta y se agachó a recoger algo. Él miraba sorprendido como ella había tomado la piedrita que él no pudo lanzar. Ella volvió a la puerta y entró a la casa. El esperó, con el corazón dándole tumbos, la luz en la habitación que había estado mirando durante tanto tiempo. Ella encendió la luz, abrió la cortina y metió la piedrita en un recipiente redondo de vidrio, a medio llenar, de otras piedritas similares, las piedritas que él nunca había sido capaz de tirar. Desde ese día decidió cambiar de ventana, no iba a permitir que alguien coleccionara su cobardía.

miércoles, 23 de enero de 2008

Silla Amarilla

No sé que hacer para agradarle a la silla amarilla. He sido buena gente con ella y nunca la he tratado mal, o al menos no me acuerdo. Nos conocimos cuando estaba en el cuarto de Pedro con un montoncito de ropa encima, en el apartamento anterior que compartía con Ángela y Buñuelín y que contaba con una hermosa vista de piso 20. Seguramente la primera impresión que ella tuvo de mí no fue la mejor, pues cuando la iba a utilizar por primera vez me recibió con un pinchazo ocasionado por un objeto que nunca pude encontrar, así que me senté en la cama y al final terminé en el suelo. ¡Tan cómoda que se ve esa silla amarilla! Como para sentarse al lado de la ventana a leer, o como para hacer "carrizo" y tener largas conversaciones, o como para disfrutar de un café caliente mientras se escuchan las notas de un piano.

Ayer volví a encontrarme con la silla amarilla, esta vez en la sala del apartamento donde Pedro vive desde hace un mes. Creo que la silla amarilla se siente inconforme porque no está tan cerca a la ventana y, en consecuencia, no tiene la vista de la ciudad que tenía antes; además comparte la sala con el piano y con el Fénix de espuma, quienes inevitablemente le roban protagonismo. Aunque creo que la parte postiva del asunto está en que no tendrá que ser ropero nunca más, así que la cama tendrá que encargarse de esa responsabilidad.

Después de entrar al apartamento y deslumbrarme con el Fénix noté su presencia y la saludé, tenía un bonito cojín que hizo la mamá de Pedro y que antes era propiedad de la cama. Seguramente su dueño lo puso allí como un gesto amable hacia sus visitantes pues la silla amarilla se ha quedado con las pertenencias de varias personas como la billetera de Ángela, un pincel de Pablo, la pinza de Daisy, el radio de Cristina y mis llaves, las del llavero de uno de los enanos de Blancanieves. Me tomé entonces el atrevimiento, y corrí el riesgo, de poner mi mochila en ella, con mucha confianza, como si siempre nos hubiéramos llevado bien, y caminé campante hacia el final del corredor donde se encontraba Pedro en su cuarto tratando de sintonizar una emisora, cubana según él, en el AM de su radio.

Después de ojear un hermosísimo diccionario de francés y tratar de entender los proverbios que traía, Pedro y yo rebuscamos papel en un cajón bajo la cama para probar nuetras habilidades en origami. Nulas, sólo pudimos hacer la parte básica de un pájaro y un intento de máscara, igual no es mucho lo que se puede doblar con un volante de la programación de cine del Colombo divido en dos y convertido en un cuadrado. Nos cansamos de nuestra ineptitud y decidimos ir a devolver unos libros a la blibioteca. Mi tula aún reposaba en la silla amarilla, la tomé rapidamente y salí con una sonrisa, creo que todo va bien, la próxima vez me sentaré en la silla amarilla.