lunes, 18 de mayo de 2015
Otra manera de respirar
cuando vemos juntos el cambio de color del cielo,
cuando la noche nos llega al punto de no poder vernos con los ojos.
A vos te delata tu respiración,
yo te busco con la mano y siempre te encuentro suave a pesar de los pelos de la barba,
te sonreís y también lo noto.
Me mordés la mano, auch, y soltás una carcajada.
Ninguno abandona su lugar para encender la luz.
Es más bonito así, con las luces de los otros.
Es más nuestro no vernos.
Otra lata se destapa con ese clic que precede a un largo trago.
Por el ventanal entra un viento fresco que nos despeina, no trae ningún ruido humano.
La noche está silenciosa, nosotros también callamos un rato.
Sos vos quien me toca ahora,
te deslizás un poco sobre la madera y te pegás a mí,
me olés el pelo,
yo cierro los ojos para grabar en mi cuerpo ese momento.
Con una nueva brisa me pongo de pie,
te ofrezco mi mano y vos enredás tus dedos entre los míos.
Caminamos hacia la puerta de la casa,
hacia ese camino de hierba que nos separa de la arena.
La luna está aquí solo para nosotros,
en los pies se siente la tibieza del día que termina,
en la ropa ya sobre la arena se queda el pasado.
Entramos al mar sin prisa,
no hay oleaje que nos dificulte los pasos,
los peces se divierten a nuestro alrededor.
Nos sumergimos completos.
Bajo el agua nos besamos,
es otra manera respirar.
martes, 24 de febrero de 2015
sábado, 7 de febrero de 2015
Hipótesis
viernes, 6 de febrero de 2015
Dos (des)conocidos
Eran las tres noches más largas del año, una época esperada por los románticos y por los amantes de la luna, quienes podían contemplarla sin prisa en lo alto del firmamento.
En la primera de esas noches de 24 horas se volvieron a ver. En aquel mágico pueblo llamado Malam se celebraba el festival Bajo las Estrellas, una enorme fiesta en la playa para celebrar las horas de oscuridad.
Entre la multitud sentada a orillas del mar él era el local y ella, la recién llegada. Rodeados de amigos, de música y de cerveza, compartían historias. Él la veía reír, la veía beber de aquella botella de vidrio oscuro. Ella lo miraba mover sus manos para acompañar las historias, lo miraba distanciarse por momentos de la conversación para observar el cielo. Lo miraba mirándola y sus miradas se cruzaban con complicidad durante algunos silencios.
Él la sacó a bailar en medio de los silbidos de sus amigos. Ella sonrió y estiró su mano para aceptar la invitación y seguir el ritmo sobre la arena. Bailaban y se miraban fijamente, reconociéndose. Se reían de ese encuentro inesperado al otro lado del mundo, tan lejos de sus ciudades de origen, a millones de kilómetros de las playas que frecuentaban en sus vacaciones, en medio de un idioma que años atrás ni conocían.
- Has cambiado, ahora bailas - dijo ella.
- Digamos que sigo siendo el mismo pero con habilidades nuevas. Y vos, ¿seguís cambiando? - preguntó él.
- A cada instante - respondió ella.
Las horas de la larga noche siguieron su camino, ellos continuaron la fiesta. Compartieron algunos aventuras de todos estos años en silencio, intercambiaron las historias dibujadas en sus cuerpos, desempolvaron besos y re-colonizaron territorios olvidados.
Durmieron un par de horas, se vieron desnudos y se volvieron a recorrer, desayunaron, caminaron por los parques, comieron, visitaron algunos bares, cenaron, bailaron en la mitad de la calle, rieron como hace tantos años no lo hacían, juntos.
Subieron a la montaña más alta del pueblo y fueron testigos del final de aquellas tres noches, de su noche. El cielo empezaba a aclarar y a pintarse de violeta. Ellos se miraron a los ojos, brindaron en silencio y se besaron por última vez. Su momento era la noche y acababa de terminar, de día siempre serían un par de desconocidos.
lunes, 26 de enero de 2015
Sírvase fría
jueves, 20 de noviembre de 2014
Allá
viernes, 8 de noviembre de 2013
El pasado es un juego de memoria
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Con la escoba tras la puerta
lunes, 16 de septiembre de 2013
Quizá mañana
domingo, 11 de agosto de 2013
Conforme pero feliz
viernes, 5 de julio de 2013
Doble faz
Siempre hablaban de lo mismo, de buscar aquel portón, pócima o reloj mágico que les permitiera habitar en una realidad paralela.
El, allí, haría muchas cosas de otro modo. Dejaría su trabajo para dedicarse a escalar, le retiraría la palabras a los jefes abusivos, tomaría más vino en la noche y correría aquel riesgo con aquella mujer a la que siempre le había huido.
Ella, en esa realidad paralela, bailaría más, hablaría menos y se iría para un país de lengua desconocida sin decirle a nadie. Desaparecería y le daría la oportunidad a ese hombre que la inquietaba tanto.
Lo que los mantiene atados a esta realidad es el posible sufrimiento que pueden generar, es la preocupación por ser la causa de algunos llantos, es la mirada inquisidora de la sociedad sobre cualquiera ser sus acciones.
En esa realidad paralela no importaría si alguien resultara herido, porque siempre quedará esta para seguir viviendo tras las apariencias.
viernes, 28 de junio de 2013
Los otros
Así son ellos. Cuando están juntos no hablan de las vidas ajenas. Se refugian en los recuerdos, en las preguntas sin formular, en la esperanza de un cambio de rumbo. Sus ojos recorren el rostro del otro trazando un camino anhelado por su boca, por sus lenguas.
Hablan, ríen, se rozan amparados por la casualidad del contacto, pero su ritmo cardíaco se vuelve frenético cuando, tarde en las noche, recuerdan ese corto momento vivido.
Ambos, a kilómetros de distancia celebran aquello tan suyo, tan indefinible y tan secreto.
lunes, 17 de junio de 2013
El cangrejo
Sentados en la playa se dieron un beso largo y doloroso, lleno de ausencias y de despedidas. El la miró a los ojos sin entender que querían decirle esos labios a los suyos. Ella le acarició el rostro, se puso de pie y caminó en dirección al mar hasta que el agua la cubrió. Nunca regresó a la superficie.
martes, 11 de junio de 2013
Buena suerte y hasta nunca.
Construyes tu vida sobre un mar de historia ficticias. Trazas entre ellas puentes que las doten de verosimilitud. Tus deseos se hacen más fuertes que tus realidades y en esa lucha desesperada por ser el astro más brillante, dejas cadáveres en el camino. Hieres, y eso es lo que hace de tu novela una farsa despreciable.
Construyes tu reputación sobre un río de palabras vacías. Crees que el universo gira a tu alrededor y por eso el Coliseo se llena cuando estás a punto de derramar la primera lágrima. ¿Te has fijado cómo empiezas cada una de tus oraciones?
Tus errores son un espectáculo, tu honra es el precio. Tus mentiras son las ramas que avivan el fuego. Desconfianza es lo queda en las cenizas. Tu mentira es el veneno que erradicó lo que creíamos ser. Allí crecerá un nuevo cultivo y seguro vendrá con frutos deshabridos.
Lo único que exigía era sinceridad pero ahora es inevitable sentir que cada palabra es una fachada.
Tu egoísmo se me ha vuelto insoportable, y esa intoxicación hace que te escriba esta despedida.
martes, 14 de mayo de 2013
Nuestros silencios
Solo cuando su novia se retiraba al baño, ellos se miraban sostenidamente a las ojos durante un par de minutos. Había tantas preguntas entre ellos que era mejor no responderlas, no todavía, no mientras los pudieran interrumpir.
Ella siempre se iba primero. Lo único que disfrutaba de aquellas noches era que él la viera partir. Pero era un disfrute que saboreaba poco. De vuelta en casa, sentada en el sofa frío y con la estufa a media marcha se preguntaba por qué lo seguía haciendo, por qué se prestaba para ese terrible acto de voyerismo, por qué insistía en una relación que más que relación era una no-relación, un intercambio confuso un compartir de espacios sin sentido.
Esa noche decidió que nunca más regresaría y optó por guardar bajo llave las preguntas sin responder. Lo difícil de tomar decisiones a media noche era sostenerlas al día siguiente, pero esta vez sería diferente, esta vez ignoraría la cita y lo miraría con su ausencia.
Temprano en la mañana sonó el timbre de su casa. Extrañada miró el reloj y quedó fría cuando miró a través del ojo de la puerta. Su rostro y su ensortijado cabello componían un reflejo perfecto de lo que pasaba por su cabeza. Después de unos minutos de insistir en silencio ella abrió la puerta. Él la vio como se la imaginaba, ella hubiera preferido no verlo, no así, no tan cerca. Ella cerró la puerta, se dirigió a su habitación y se metió nuevamente entre las cobijas. Si había llegado el momento de enfrentar las respuestas sería allí, en el único lugar donde él nunca le había mentido.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Rumores
Llora
lunes, 12 de noviembre de 2012
Revelación
Es posible. La amistad después de haber sentido amor es posible. Hice el experimento. Fueron largos años de observación, de vivencias nuevas, de errores, de luchas internas, de miedo. Pero es posible y se siente bien. Es como desafiar una desventura, es hacerle un quiebre a la vida y cambiar la historia. Lo que ocurre en el proceso es que el amor cambia, cambia a un tipo de amor en el que no necesitas estar con el otro. Lo quieres, de lejos o de cerca, te da igual. Lo quieres, solo o acompañado, no importa. Lo quieres, y de cuando en cuando te asaltan las preguntas, pero está bien, al fin y al cabo de eso está hecha la vida, de amores y preguntas.